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| 2003: el año que vivimos en peligro |

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La Espera |
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Concebida originalmente como un proyecto para la televisión, y filmada en el año 2001 con únicos recursos provenientes de un premio del FONA, esta película se convierte en el primer estreno nacional del 2003 luego de un largo trayecto que incluyó exitoso pasaje por diversos festivales (sección Zabaltegui del Festival de San Sebastián; La Habana; premio de la OCIC en Mar del Plata; Toulouse; y premio a la mejor ficción latinoamericana en Festival de Miami), ampliación a 35mm y reconocimiento del público y la crítica internacional. |
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La espera, dirigida por Aldo Garay, lleva a la
pantalla grande la novela Torquator de Henry Trujillo (con adaptación de
Sebastián Bednarik y Coral Godoy). |
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La dirección de actores, acertada en todo momento, estuvo a cargo de Sebastián Bednarik: Elena Zuasty y Verónica Perrotta juegan roles fuertes, que llegan a su clímax en alguna escena de violencia reprimida que podría resultar inverosímil si no estuviera tan bien actuada y mejor marcada aún. Reyno y Roberto Suárez aportan también lo suyo, en una película que deja entrever un gran esfuerzo de dirección y de actores y sobre todo, meses de ensayos previos para alcanzar el clima de familiaridad y absoluta naturalidad que se respira en la puesta en escena. La estructura del relato determina que las unidades significantes de la película se organicen con extrema fidelidad al título, los personajes esperan, el ritmo es moroso y la historia narrada llama a la reflexión sobre el sentido de la vida y la muerte cuando el tiempo está detenido, cuando la espera, que prolonga la vida se presenta paradójicamente como un aplazamiento de la vida. Se trata sin dudas de una película difícil, plena de silencios y tiempos muertos, que se apoya -además de la señalada soltura del elenco- en el buen oficio de un equipo técnico integrado por el Diego Varela (en fotografía), Alvaro Mechoso (sonido), Carlos Da Silveira (música original) Paula Villalba (dirección de arte) y Jorge García (montaje). La producción general correspondió a José Pedro Charlo para Austero Producciones. |
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El director, Aldo Garay, salva su debut en el terreno de la ficción luego de varios documentales (Yo la mas tremendo, Bichuchi -la vida de Alfredo Evangelista-, Mi gringa, y las series de TV: Niños de la calle y Vivir en rojo, ambas para TV Ciudad). Esta experiencia en el documental se advierte en la minuciosidad del relato, en la capacidad para la aproximación sensible a personajes duros, y sobre todo en esa cámara lenta y paciente que recrea una atmósfera de quietud contenida por la que trasciende un relato compacto, contra el que conspira la escasa duración (65’) que impide redondear alguna de las ideas planteadas y precipita un desenlace inquietante, que con mayor metraje podría haber ganado en imprevisibilidad. |

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El viaje hacia el mar |
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El proyecto de El viaje hacia el mar nació en 1999, y recibió al poco tiempo sendos premios del FONA y del Fondo Capital de la Intendencia Municipal de Montevideo. En el año 2001 obtuvo fondos para la producción del programa Ibermedia, lo que determinó la necesidad de un coproductor internacional. A la productora local Lavorágine Films se sumó entonces el argentino Jorge Rocca, convirtiendo el proyecto original en una coproducción que fue declarada de Interés Nacional y Cultural por el Poder Ejecutivo y por las Intendencias Municipales de Lavalleja, Canelones y Montevideo. |
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No es la primera vez que la narrativa de Juan José Morosoli (Minas, 1899-1957) se asoma a la pantalla, el antecedente es "Los albañiles de los Tapes" devenido telefilme por obra y gracia de un solvente equipo de la TV suiza. "El viaje hacia el Mar", por su parte, es el resultado de una adaptación del cuento homónimo publicado luego de la muerte del escritor minuano, a cargo de Guillermo Casanova (también director) y Julio César Castro (Juceca). La narrativa costumbrista de Morosoli se caracteriza por el desarrollo de anécdotas leves, meros pretextos para canalizar la exhaustiva descripción de personajes ("vivientes" según acertada expresión del propio escritor), definidos según los cánones de una idiosincracia muy uruguaya y arraigada fundamentalmente en el interior del país. La adaptación cinematográfica respeta cabalmente en este caso el cuento original, agrega alguna situación no muy trascendente, diálogos en los que se nota demasiado la mano de Juceca y algún personaje secundario para completar una película de tan sólo ochenta minutos de duración. |
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La anécdota contada en la película es por demás simple y lineal: un grupo de parroquianos se reúne en un bar de la ciudad de Minas, una mañana del año 1963, para embarcarse en la aventura de ver el mar por primera vez. Acompañados por un desconocido recién llegado de la capital -que se suma a la empresa a último momento- se suben a un destartalado camión Opel para emprender un viaje de fin de semana a través de la serranía con rumbo a la costa de Canelones. Como en el cuento de Morosoli, pasa muy poco en la película, pero la línea de interés se traslada a los personajes y a sus diálogos casi siempre ocurrentes. Apenas algún incidente pautado por la falta de agua en el camino, por un camión que es necesario empujar en los repechos de las sierras, o las reacciones de estos hombres sencillos ante un sugestivo cartel publicitario o ante la visión de gente "media desnuda" en el balneario, alcanza para dar solidez al relato de esta suerte de 'road movie' criollo donde lo que importa es la observación cómplice de unos personajes entrañables, que viven su humilde peripecia con cierta gracia, y una buena carga de ingenuidad. |
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La estrategia de fidelidad literaria de Casanova rinde sus frutos y determina una película entretenida, sin aspiraciones de trascendencia y tranquila como seguramente era el Uruguay de principio de los años sesenta, en una visión a priori sospechosa de cierta idealización, estigma del paraíso perdido, pero visión válida al fin, en tanto elemento constitutivo de un imaginario colectivo complejo en el que conviven personajes capaces de entonar la marcha "Mi Bandera" (sin sentir el peso de las terribles connotaciones que la acompañarán diez años después, una vez desatada la dictadura), el Pericón Nacional que acompaña el final de la película, la ONDA y los impagables telefonogramas de las radioemisoras del interior. Es así que el viaje anunciado desde el título se transforma en un viaje de descubrimiento, y no sólo para los personajes. Hay en la película de Casanova un re-descubrimiento de un Uruguay olvidado a fuerza de tanta globalización y falso progreso, un viaje a una dimensión próxima y humana, poblada de historias modestas, imágenes potentes y personajes creíbles (o tal vez simplemente queribles). |
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Los viajeros, están interpretados por Hugo Arana (Rodríguez, el dueño del camión), Julio Calcagno (Quintana, el sepulturero), Julio César Castro ("Siete y tres", el vendedor de loterías del pueblo acompañado de su perro Aquino), Diego Delgrossi ("Rataplán", el barrendero), Héctor Guido ("El Vasco") y César Troncoso ("El Desconocido"), elenco del que el experimentado director de actores argentino Guillermo Ibalo obtiene un rendimiento aceptable, con altos en las actuaciones de Arana (que es capaz de disimular su natural acento porteño), Troncoso y Héctor Guido, alguna dificultad con las sobreactuaciones de Calcagno y Delgrossi, y excesos varios de Juceca, que al parecer no puede desmarcarse ni un instante de su eterno personaje de 'Don Verídico' (falta sólo la mención a "la Duvija" o al boliche "El Resorte"). En los rubros técnicos, se destaca la excelente fotografía de Bárbara Alvarez, y la música original de Jaime Roos, que acompaña el viaje de los protagonistas con un recorrido musical paralelo que arranca con ritmos decididamente telúricos y termina en algo parecido a un rocanrol primitivo al tiempo que el camión de Rodríguez transita las calles del balneario. También hay que destacar los trabajos de Natacha López (productora), Eduardo Lamas (director de arte) y Alejandra Rosasco (vestuarista) en lo referente a reconstrucción de época y ambientación, notable la secuencia inicial en la plaza de Minas y muy bien logrado el balneario de paradigmático estilo años sesenta (aunque la torre de Antel de Atlántida que se deja ver entre los árboles fue construída recién en los años setenta). |
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El viaje hacia el mar es el debut en largometraje de ficción de Guillermo Casanova, que había demostrado su potencial creativo en los lejanos tiempos de Mamá era Punk, y se confirmó luego como realizador a partir de la serie documental Memorias de la Costa (1995, Canal 10). El viaje... es también una buena oportunidad para reconocer la vigencia y el carácter universal de la prosa localista de Morosoli (y de la recurrente paradoja/lugar común del pintor que es capaz de representar al mundo describiendo a pinceladas su aldea). |
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para escuchar: Domingo de mañana (Jaime Roos)

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Palabras Verdaderas |
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Ricardo Casas había dirigido en 1998 Donde había la pureza implacable del olvido, documental sobre la obra del cantante popular Eduardo Darnauchans. En el mismo estilo, y con un notorio trabajo de investigación, Casas presenta ahora, y luego de por lo menos cuatro años de elaboración este documental sobre la vida y la obra de Mario Benedetti. Invalorables materiales de archivo y los testimonios de Manuel Vázquez Montalbán, José Saramago, Idea Vilariño, Juan Gelman, Joan Manuel Serrat y Eduardo Galeano, dan forma y aportan a este tributo a Benedetti, escritor reconocido y hasta venerado por generaciones enteras, al tiempo que el propio Benedetti habla de su infancia en Colón, del exilio que lo llevó a España, del presente del Uruguay y del mundo, desde la perspectiva de sus lúcidos 84 años. Ricardo Casas logró con este homenaje a uno de los más grandes escritores vivos de la lengua castellana, un documental impecable, que contó con la producción local de Yvone Ruocco y la participación de Zip Films de Barcelona. La banda sonora por su parte, fue realizada por Carlos da Silveira, e incluye también canciones de Daniel Viglietti, de Eduardo Darnauchans, y la voz del actor argentino Miguel Angel Solá en la lectura de textos de Benedetti. |
