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| Sonrían, digan: ¡Whisky! |

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Año extraño este 2004. Año de elecciones, carnaval de promesas, las mismas caras de siempre, los jingles vacíos y pegadizos que invaden la radio, la televisión y hasta el aire, aunque finalmente la esperanza parece abrirse camino entre tanto desconcierto. Por el lado de la otra gran pasión nacional -el futbol- las cosas siguen de mal en peor, seguidilla de derrotas, papelones, decepción. Se podría decir que entre las contadas buenas noticias que recibimos los uruguayos en este año, muchas vinieron por el lado del cine... y eso que la tan publicitada reactivación económica aún no se ha hecho sentir en los bolsillos de los peatones, y mucho menos en las oficinas de producción, donde varios proyectos esperan inviernos menos crueles. |

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La Cumparsita, el tango uruguayo |
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Fue estrenado en la Sala Zitarrosa el
largometraje (110 minutos) documental titulado "La Cumparsita, el tango
uruguayo", con guión y dirección de Darío Medina. El autor, Darío Medina, es egresado de la Escuela de
Cine, e investigó durante más de un año las circunstancias que dieron
origen al más famoso de los tangos, compuesto por Gerardo Mattos Rodríguez
como marcha estudiantil y estrenado en abril de 1917 en el desaparecido
reducto de La Giralda, emblemático café montevideano ubicado en 18 de
Julio y Andes, siendo ejecutado en esa oportunidad por la orquesta del
argentino Roberto Firpo. |

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Whisky |
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-Premio de la Crítica y Premio Un Certain Regard en Cannes 2004 |
Premiada en todos los festivales en los que participó, recogiendo unánimes elogios en la prensa de casi todo el mundo, y con buena aceptación del público en Uruguay y en Europa, este es el segundo largometraje de la dupla integrada por Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll (25 Watts), y lleva su marca de fabrica. Jacobo Köller es un comerciante judío, solterón e hincha del El Tanque-Sisley; para más datos, su empresa, una modesta fábrica de medias heredada de su padre, está en franca decadencia, como su propia vida. Los días de Jacobo transcurren sin sobresaltos, marcados por una rutina insalvable: el auto destartalado que se niega a arrancar todas las mañanas, la cortina metálica del taller, el encendido de las maquinas, y Marta... Marta es la encargada de la fábrica de medias (hay tan sólo dos empleadas más), y participa de una rutina tan agobiante como la de su empleador: espera todos los días en la puerta del taller la llegada de "don Köller", saluda todos los días con exactas palabras, prepara el té para el patrón siempre de igual modo, y al terminar la jornada laboral, se despide sin atreverse a variar nunca el saludo. De regreso a su casa, Marta enciende su walkman y escucha siempre la misma canción. (...y llovía, llovía) El mundo de Jacobo y Marta funciona como el mecanismo oxidado de un viejo reloj, marcando las horas del ritual cotidiano en que han transformado sus existencias, en el marco de una ciudad que se insinúa gris y decadente. |
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El estado de abulia que envuelve a los personajes, se verá sacudido cuando razones religiosas (la ceremonia del "matzeve" o colocación de la lápida en la tumba de la madre, fallecida un año atrás) acerquen a Montevideo a Herman, el hermano menor residente en Brasil, dueño también de una fábrica de medias, pero aparentemente exitoso, y con una familia constituida. Marta, a pedido de Jacobo se hará pasar por su esposa, pero la estadía de Herman se prolongará más de lo previsto, lo que dará lugar a un cuidadosamente dosificado despliegue de tensiones entre los integrantes de este extraño triángulo. A esta altura, cabe aclarar, que el título de la película no refiere a la bebida típica de las tierras altas de Escocia, sino que remite a la sonrisa forzada, especie de mueca, que los protagonistas ensayan en el momento de tomarse una fotografía. Remite a ese instante de falsa alegría, que sin embargo perdurará impreso en el papel, pretendiendo atemperar en parte los grises persistentes del diario vivir. |
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Lo más notorio de la película es el permanente tono minimalista, los silencios y las miradas que dicen mucho más que las palabras, silencios que constituyen piezas de todo un sistema narrativo, que paradojalmente adquiere inusitados niveles de expresividad, así, el tedio y la rutina se trasmiten mostrando, y no narrando, la repetición mecánica de situaciones tediosas que se suceden una y otra vez en la pantalla. Sobre estas premisas, y con mucha seguridad, Rebella & Stoll., plantean una comedia levemente absurda sobre la soledad, que mezcla en ajustadas dosis melancolía y un tipo de humor agazapado, por instantes pleno de situaciones inverosímiles, que hacen más sutil el tránsito de un "realismo artificial" (tal la definición de los autores) construido de pequeñas anécdotas intrascendentes, hacia un universo surrealista de ribetes claramente oníricos (la secuencia del hotel con sus corredores inabarcables). Película hecha de miradas, de suspiros y de sobreentendidos, que sabe despertar la complicidad del espectador, porque es el propio espectador el que tiene que completar los sugerentes baches que deja la historia. Una historia que es contada por sus directores de manera indiferente, como alejada, en un estilo que muchos han encontrado similar al del finlandés Aki Kaurismaki. Película también estática, de interminables planos fijos que acompañan movimientos monótonos, en estricta unidad entre fondo y forma, entre continente y contenido. |
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Una puesta en escena impecable, ajustada dirección de arte, excelentemente fotografiada y un rendimiento formidable de sus tres protagonistas (Jorge Bolani, Mirella Pascual y Andres Pazos) hacen de esta película un producto sencillamente bueno, con un planteo muy original e inteligente que afirma a Rebella & Stoll como los mejores creadores del medio. |
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FICHA TECNICA: |
