CINECIN: Cine y cortos

El cine pos-dictadura (1984-1996)


Uruguay ha carecido hasta este momento de una producción audiovisual regular, el mercado interno es muy reducido, el público se había ido alejando progresivamente de las salas cinematográficas (en 1959, por ejemplo, se vendieron más de 18 millones de entradas, en cambio en 1996 no se llegó a un millón), y los costos de producción en cine han crecido en progresión geométrica. Estos datos explican en parte el auge del soporte magnético -video- a partir de los primeros años de la década de los ochenta. El video vino a ocupar el lugar del cine que no se podía hacer.

El video uruguayo se caracterizó desde su irrupción por productos de muy buena calidad técnica, lo que le ha permitido obtener varios reconocimientos internacionales. Es un medio generalmente utilizado por gente joven, y la temática preferida en los años de transición a la democracia pasó por el descreimiento y el "bajón". Formalmente, las producciones se orientaron más hacia el terreno de la experimentación que hacia la búsqueda artística, y en pocas ocasiones se ha apuntado hacia el relato argumental o de ficción.

Los Muertos, de Guillermo Casanova sobre textos de Mario Levrero.

Hacia 1985, la consolidación de instituciones productoras como CEMA e Imágenes, contribuyó al desarrollo de un perfil propio del video nacional, y realizadores como José María Ciganda, Eduardo y Guillermo Casanova, Esteban Schroeder, Pablo Dotta, Mayda Moubayed, Carlos Ameglio y Diego Arsuaga han concretado obras más que significativas. Algunos títulos que vale la pena recordar de la producción de video de este período son: "Mamá era punk", "La superficie", "Tahití", "La BCG no engorda", "Sala de espera", y "Los últimos vermichellis".

Los últimos vermichelis de Ameglio/Arsuaga.

En cuanto a largos de ficción en formato video, por estos años se produjo "Vida Rápida" (1992), creación colectiva del Grupo Hacedor con actuación de Diego Méndez y Hugo Bardallo, retrato de la vida de un adolescente montevideano inmerso en el submundo de la delincuencia estrenada en el cine San José, y "Martín Aquino" (1996), recreación de las andanzas del famoso matrero realizada con más entusiasmo que oficio por Ricardo Romero Curbelo que contó con las actuaciones de Duilio Borch y Lidia Etchemendy. Un par de años después, el mismo equipo, con dirección ahora de Duilio Borch, encararía el largo en video "El hombre pálido", interesante proyecto de adaptación de una par de cuentos de Francisco 'Paco' Espínola opacado por carencias (de presupuesto y de técnica narrativa fundamentalmente) con elenco encabezado por Ariel Caldarelli. La película consiguó exhibición comercial en la Sala del Cine de las Américas.

Por otra parte, en este mismo período (más precisamente en agosto de 1985), se estrenó en Cinemateca Uruguaya el largometraje documental "Elecciones Generales", dirigido por César de Ferrari. Desde su propio título, la película refiere con ironía al proceso que desembocó en las elecciones de 1984, marcadas por las proscripciones y limitaciones que impusieron los propios generales que detentaban el poder. El documental comienza con la llegada de un barco repleto de exiliados que retornan al país, luego recorre la ciudad entre actos y caravanas en los días previos a la elección, intercalando múltiples testimonios, fragmentos de "Me gustan los Estudiantes" -película de Mario Handler- y de noticieros de televisión. Todo el fervor político pacientemente registrado conduce al 25 de noviembre, día de las elecciones. Coproducida con el Departamento de Cine de la UNAM (México), la película es una mirada comprometida con la realidad de los hechos que documenta, y último exponente de un género que inexplicablemente no prosperó en un país en extremo politizado: el documental político.

Volviendo al cine de ficción, diez años después del estreno de "Mataron a Venancio Flores", la productora Nubes, con aportes provenientes de Gran Bretaña, México, Brasil, Cuba y Estados Unidos, se embarcó en la realización de "El Dirigible", la película más costosa realizada hasta ese momento en el país, con un presupuesto superior a los 800.000 dólares.

El guión y la dirección corrieron por cuenta de Pablo Dotta, la producción estuvo a cargo de Mariela Besuievski, y contó con las actuaciones de Laura Schneider, Marcelo Bouquet, Gonzalo Cardozo y Ricardo Espalter. La película intenta una búsqueda de la identidad uruguaya a través de una historia con rasgos surrealistas que involucra desde Baltasar Brum hasta Onetti. Esa historia es narrada de un modo muy poco convencional, porque no hay en la película un orden cronológico de los hechos que ayude a su comprensión cabal. Esto desató fuertes polémicas a nivel de la prensa escrita sobre todo, donde se llegó a acusar a los realizadores de proponer un cine demasiado pretencioso y plagado de intelectualismo vacío. "El Dirigible" se convirtió en la primera película uruguaya seleccionada para una muestra no competitiva del Festival de Cannes, y fue exhibida por algunas importantes emisoras de TV europeas como el Channel Four de Londres entre otras.

Entre los años 1993 y 1994, se filmó en el departamento de Florida "Patrón", largometraje de ficción coproducido por CEMA de Uruguay, el Instituto de Cinematografía Argentina y Aleph Producciones. El punto de partida de la coproducción surgió de un acuerdo entre el instituto argentino y el Ministerio de Educación y Cultura uruguayo. El guión pertenece al argentino Jorge Rocca, que también dirigió la película.

En la película, estrenada a comienzos de 1995, participó un elenco proveniente de ambos países, encabezado por las argentinas Leonor Manso y Valentina Bassi junto a los uruguayos Walter Reyno, Dante Alfonso y Sara Larroca. La producción ejecutiva y la fotografía estuvieron a cargo de los uruguayos Esteban Schroeder y Daniel Rodríguez.

En 1993, Beatriz Flores Silva, directora compatriota con formación en Bélgica, regresó al país para dirigir la realización de "La Historia casi verdadera de Pepita la Pistolera", película proyectada en un principio como la primera de una trilogía acerca de la condición de la mujer en la sociedad uruguaya contemporánea. Basándose en hechos reales ocurridos entre febrero y junio de 1988, cuando una desesperada mujer se armó de valor y empuñando el mango de un paraguas roto cometió una serie de audaces asaltos a casas de crédito, Beatriz Flores logró conformar un cuadro muy humano, conjuntando una historia simple con una eficacia narrativa pocas veces alcanzada por el cine nacional.

La película, en soporte video, fue posproducida en España, y estrenada en nuestro medio en 1994. Contó con guión de la propia directora con la colaboración de Janos Kovasci y Ariel Caldarelli sobre investigación de la periodista María Urruzola, y con las actuaciones de Margarita Musto, María Inés Flores, Alberto Sobrino, Enrique Vidal y Andrea Davidovics.

Por estos mismos años (1994-95) se producen en el país dos películas en video que merecen ser destacadas, la primera de ellas es "La Trampa", dirigida por Julio Porley y Ricardo Islas sobre guión de Porley y la segunda, "El hombre de Walter", dirigida por Carlos Ameglio sobre cuento de Mario Levrero.

La Trampa es un ejercicio de suspenso que contó con las actuaciones de Sara Bessio y Gustavo Gomensoro y trata acerca de los misterios que encierra una vieja casona del Prado. El video está ambientado en la década de los años 40, contó para su realización con el apoyo técnico del Canal 12 y fue estrenado en la sala del Cine de las Américas. El hombre de Walter por su parte, es un mediometraje (45') experimental que recrea fielmente la atmósfera onírica del cuento de Levrero "Nuestro iglú en el Artico". La fotografía de Daniel Rodríguez y José María Ciganda y una impecable edición digital dan lugar a infrecuentes lujos visuales. Contó con las actuaciones de Gustavo Escanlar, Ricardo Couto, Adriana Figueroa y Roberto Fontana.

El último estreno de este período resulta una verdadera curiosidad: en 1989 el director suizo-italiano Bruno Soldini adaptó a la pantalla el cuento "Los albañiles de los Tapes" de Juan José Morosoli en producción para la TV suiza. El resultado, "Viento del Uruguay" (Vento dell'Uruguay), tardíamente conocido entre nosotros a partir del estreno cinematográfico ocurrido en octubre de 1995, es un correcto largometraje (92’), sobriamente interpretado por Rodolfo da Costa, Till Silva, Alejandro Busch, Walter Reyno y Graciela Gelós. Dos criollos y un inmigrante llegan al paraje de los Tapes, en las cercanías de Minas para trabajar en la construcción del muro del cementerio del lugar. El relato describe tensiones entre forasteros y lugareños, dando forma así a una sencilla historia resuelta sin artificios. La película exhibe una infrecuente combinación de técnica cinematográfica de primer nivel (destacándose entre los rubros técnicos la fotografía) y temática y paisajes que nos resultan familiares, aunque nos pueda sonar por lo menos extraño cada vez que los gauchos llegan a la pulpería y piden un par de cañas... en italiano.

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